Abstract
En el entramado filosófico, psicoanalítico y lingüístico del proyecto de Luce Irigaray la noción de mímesis guarda un lugar fundamental. Exhibido por la autora como recurso metodológico de investigación y como praxis política, es una estrategia que busca dislocar el orden discursivo que sostiene nuestra cultura occidental, eminentemente falogocéntrica y patriarcal. Este antídoto contra la uniformidad y la lógica original-copia que rige nuestra tradición es desplegado en su obra en virtud de tres dimensiones (Schor, 1993): la mascarada, la mímesis astuta y la reapropiación gozosa o diferencia positiva. En este texto, y articulando estos tres sentidos, me interesa trazar la cartografía de esta noción en virtud de algunos momentos del proyecto irigariano, atendiendo a sus aspectos genealógicos, éticos y políticos. La apuesta de Irigaray por el sentido transformador y creativo del recurso de la mímesis, en contraposición al sentido de imitación especular que atraviesa nuestra tradición de un solo sujeto, refleja la doble tarea de su cometido: la crítica profunda a las bases de la tradición del pensamiento occidental y la necesidad de generar las condiciones para transformar toda una cultura.