Abstract
En el momento de iniciar, una vez más, el diálogo en este viejo y querido Castillo de Peñíscola para tratar en esta ocasión de la participación de los entes locales en el desarrollo económico, paréceme oportuno efectuar algunas consideraciones previas, que no van, ciertamente, a ser originales mías ni desconocidas por vosotros, pero que deben estar presentes en la mente de todos a lo largo de esta exposición.La primera y más obvia de estas consideraciones es la de que, con la puesta en marcha de un Plan de Desarrollo, doblado in extremis y casi con reticencias del adjetivo «social», nuestro país se ha incorporado de pleno derecho a la teoría de países planificadores, esto es, de Estados cuya misión y función primordiales, en el orden interno, es la ordenación planificada de sus recursos (*) Se recoge aquí el texto de la conferencia pronunciada en Peñíscola (Castellón) durante el VI Curso de Problemas Políticos de la Vida Local, agosto-septiembre 1965.Para su publicación no se han introducido más modificaciones que la supresión de algún coloquialismo y la adición de las notas, incrementadas con la referencia a alguna obra aparecida posteriormente.