Abstract
El punto de arranque inmediato de la aglomeración urbana es la gran ciudad.No toda gran ciudad determina el surgimiento de una aglomeración, pero toda aglomeración nace de una gran ciudad.La historia de la civilización-ha dicho Yhering-va unida a las de las grandes ciudades: a veces una sola ciudad representa una etapa de la civilización.Las grandes ciudades fueron creadas al calor de superiores estados de cultura y de actividad económica: Pekín, en China; Tebas y Menfis, en Egipto; Nínive y Babilonia, entre los asirios; Tiro y Jerusalén, en los valles del Tigris y del Eufrates, son testimonios concluyentes de este aserto.Todas-comenta Henri Sellier-fueron verdaderas ciudades tentaculares.Es más: adviértese que en ellas se plantearon debates y problemas que se nos antojan modernísimos.En Atenas, en el siglo de Pericles, se abordó el tema de la despoblación del campo y del éxodo del hombre del agro a la gran urbe griega: la gran ciudad de la democracia, la llama el documentadísimo Marcel Peete, en su Introduction a rUrbanisme.En Roma, Virgilio se lamenta amargamente de que se concatene en la ciudad la vida política, económica y social de la República.Por cierto, que hay historiadores que atribuyen a Roma cifras de población verdaderamente fantásticas, hasta 14 millones de habitantes le asignan; otros, como Cassiodoro, la reducen a cerca de 6 millones.El censo de Vispanius Agrippa la reduce a 1.300.000,cifra que reputan verídica escritores tan enterados como Leo Homo, el profesor de la Universidad de Lyon, que escribió el interesantísimo trabajo "Problemas de antes y de ahora".