Abstract
Entre 1902 y 1926 existieron en México agrupaciones de personas que se comprometieron a proteger a las aves en los lugares en los que vivían. El encargado de promover su formación fue el biólogo y naturalista Alfonso L. Herrera, a través de los dos centros de investigación que dirigió: la Comisión de Parasitología Agrícola y la Dirección de Estudios Biológicos. Aunque el resultado obtenido en cada caso fue diferente, por las distintas circunstancias sociales del país, el hecho merece ser conocido como un esfuerzo de conservación biológica realizado en México en aquellos años