Abstract
Este artículo examina la vida contemporánea de las fotografías etnográficas producidas en el archipiélago fueguino durante las primeras décadas del siglo XX, con especial atención al corpus elaborado por Martin Gusinde entre 1918 y 1924. Tomadas en un contexto de violencia colonial estatal, estas imágenes fueron convertidas en una iconografía de la desaparición indígena. A partir del contrapunto entre la tesis de que todo archivo produce jerarquías de visibilidad —al clasificar, separar y naturalizar ausencias— y las tramas de memoria indígena que disputan y reordenan sus sentidos, indago cómo un archivo visual producido en el horizonte de la etnografía de rescate y posteriormente movilizado para cristalizar la imagen de la extinción puede convertirse en un soporte de presencia y reescritura histórica. Estas fotografías circulan hoy en circuitos estatales, turísticos, académicos, artísticos y comunitarios, donde adquieren significados divergentes. En contraste con los usos hegemónicos que ubican a los pueblos originarios en el pasado, en manos indígenas se incorporan a tramas familiares, permiten el encuentro con presencias ancestrales y habilitan vínculos y afectos allí donde el archivo había inscrito una ausencia.