Abstract
Desde los inicios del presente siglo, la región fronteriza de la Sierra Madre, entre Chiapas y Guatemala, es objeto de intenso interés por parte de la industria minera. Debido a fuertes movimientos populares de defensa del territorio, pocos proyectos se llevaron a cabo. Entre estos, controvertidas explotaciones de barita en Chicomuselo, de titanio en el Soconusco, y de plata y oro en Guatemala en la mina Marlin. Este último proyecto es el único en haber llegado a un cierre técnico. El activismo antiminero, no obstante, encubre cierta ambivalencia de la sociedad serrana frente al agotamiento socioeconómico del campesinado y el desgaste agroecológico, al interrogar la noción compartida de defensa del territorio y el futuro que vislumbra. Basado en un trabajo etnográfico, suplementado en literatura económica, histórica y hemerográfica, el presente artículo usa el concepto de frontera extractiva para explorar las condiciones históricas que contribuyeron al aparente impasse que enfrentan hoy los campesinos de la Sierra Madre, al buscar preservar sus modos de vida y su territorio cada vez más degradado, frente al sacrificio impuesto por la industria y la dislocación de sus comunidades indígenas y agrarias.