Abstract
La separación entre moral y derecho, heredada de una lectura mecanicista de la Teoría pura del derecho de Hans Kelsen, redujo la función judicial a lasimple aplicación autómata del silogismo legal. Este escrito confronta esa visión positivista tradicional y demuestra que la creación y la aplicación del derecho no son actos puramente técnicos, sino ejercicios políticos e instrumentales impregnados de juicios de valor. A partir de una relectura del propio Kelsen y del pensamiento de autores como Gustav Radbruch, Jürgen Habermas y Carlos Novoa, S. J., este artículo examina cómo el juez en elEstado social de derecho no puede ser un espectador pasivo de la voluntad del legislador. Por el contrario, la motivación de la sentencia exige una interpretación axiológica orientada a la dignidad humana, la igualdad y la justicia, situando a la ética como la brújula ineludible de la providencia judicial.