Abstract
La rápida expansión de la inteligencia artificial (IA) ha generado tanto entusiasmo como preocupación. Entre los riesgos emergentes se encuentra la llamada psicosis por IA, concepto utilizado para describir experiencias de ansiedad, confusión o pérdida de contacto con la realidad tras interacciones intensivas con sistemas algorítmicos. Aunque aún no figura en manuales diagnósticos, la literatura reciente advierte sobre la necesidad de estudiarla como fenómeno clínico y cultural emergente. Este artículo propone desplazar la narrativa del miedo hacia un marco de bienestar digital, sustentado en tres ejes: alfabetización crítica frente a algoritmos, prácticas de higiene tecnológica y fomento de la autonomía intelectual. A partir de una revisión interdisciplinaria, se argumenta que tanto instituciones como individuos tienen la responsabilidad de guiar el uso de la IA hacia formas que liberen tiempo y energía para lo esencialmente humano: pensar, crear, analizar, crear y cuidar. La evidencia muestra que, bajo condiciones reguladas, los agentes conversacionales pueden mejorar indicadores de salud mental, que enfoques críticos recuerdan el riesgo de que la tecnología acelere la vida en lugar de devolvernos el tiempo. Se concluye que el futuro de la IA no está predeterminado: dependerá de las decisiones éticas, educativas y culturales que adoptemos hoy.