Abstract
Los modelos generativos de inteligencia artificial (IA), particularmente los grandes modelos de lenguaje (LLMs), han transformado la educación mediante la generación automatizada de contenidos, tutorías personalizadas y evaluación asistida (Holmes et al., 2019). Sin embargo, estos sistemas funcionan mediante correlaciones estadísticas sin comprensión semántica, razonamiento causal ni anclaje experiencial, lo que genera riesgos como desinformación sistemática, dependencia cognitiva y erosión del pensamiento crítico (Bender et al., 2021; Marcus, 2020).
Este artículo reflexivo examina la evolución desde la IA simbólica hacia paradigmas conexionistas (Vaswani et al., 2017), analiza límites técnicos en contextos pedagógicos y cuestiona mitos impulsados por el entusiasmo tecnológico. Se evalúan impactos específicos en el aprendizaje humano —pérdida de autonomía, amplificación de sesgos, atrofia metacognitiva— y se enfatiza el rol irremplazable del docente como mediador crítico. A partir de la experiencia práctica del autor y el análisis de literatura especializada (Floridi & Cowls, 2019; Holmes et al., 2019), se establecen principios éticos para una integración responsable de la inteligencia artificial, en consonancia con marcos regulatorios emergentes como el Reglamento de IA de la Unión Europea (European Union, 2024). Se concluye que la IA potencia la educación sólo cuando queda subordinada a supervisión humana pedagógicamente informada, preservando la dimensión reflexiva del aprendizaje.