Abstract
En medio de la caótica complejidad posmoderna, es evidente que, junto a la multiplicación de todo tipo de tecnologías y conocimientos, prevalecen y se profundizan las diferencias entre ricos y pobres, entre sabios e ignorantes, etcétera.Las instituciones humanas no tienen la suficiente capacidad de respuesta frente a los problemas generados por la injusta repartición del mundo: el poder y la riqueza. Peor aún, el exterminio, la explotación despiadada, el envilecimiento, el abandono, el hambre, la tortura, el narcotráfico, las adicciones, etcétera, son problemas vigentes.Es evidente que la ciencia tampoco resuelve estos problemas, pero se avanza en el proyecto del genoma humano, como si se conociera cómo debe ser el hombre perfecto. No obstante, todavía tiene sentido la pregunta: ¿Qué es el hombre?.