Abstract
Tijuana, Baja California, es uno de los principales puntos de tránsito, destino, y retorno de la migración en México, concentrándose un alto porcentaje de personas en situación irregular. En este contexto, las personas migrantes enfrentan necesidades críticas de salud física, nutricional, y psicosocial, derivadas de la inseguridad alimentaria, el hacinamiento y la limitada cobertura institucional. Ante estos retos, el Departamento de Bienestar y Cuidado de la Salud de la Universidad Iberoamericana Tijuana, en coordinación con albergues y organizaciones locales, ha desarrollado un programa de intervención comunitaria y formativa basado en la metodología de
aprendizaje-servicio
. Con esta estrategia, estudiantes de Enfermería, Medicina, Nutrición y Psicología aplican sus conocimientos en escenarios reales, fortaleciendo su sensibilidad ética, su compromiso social, y su capacidad de trabajo interdisciplinario. Las actividades implementadas incluyen diagnósticos participativos, ferias de salud, prácticas de inmersión, y acciones de promoción comunitaria. Incluye también los
Círculos de Esperanza
, espacios de diálogo y reflexión en los que los estudiantes analizan críticamente la realidad migratoria y el sentido de su acción. Esta experiencia muestra que la salud integral, la formación universitaria y la fraternidad compartida pueden articularse como pilares para construir respuestas transformadoras frente a los desafíos de la movilidad humana.
Tijuana, Baja California, is one of the main points of transit, destination, and return for migration in Mexico, concentrating a high proportion of people in irregular situations. In this context, migrants face critical physical, nutritional, and psychosocial health needs, driven by food insecurity, overcrowding, and limited institutional coverage. In response to these challenges, the Department of Health and Wellness at Universidad Iberoamericana Tijuana, in coordination with shelters and local organizations, has developed a community-based and educational intervention program grounded in a service-learning approach. Through this strategy, students from Nursing, Medicine, Nutrition, and Psychology apply their knowledge in real-world settings, strengthening their ethical awareness, social commitment, and interdisciplinary collaboration skills. Implemented activities include participatory assessments, health fairs, immersion practices, and community health promotion initiatives. The program also incorporates “Circles of Hope,” reflective spaces where students critically analyze migration realities and the meaning of their engagement. This experience demonstrates that comprehensive health, university training, and shared solidarity can be integrated as key pillars to build transformative responses to the challenges of human mobility.