Abstract
Este artículo reconsidera las torres de palomas de Isfahán, proponiendo que no constituyen simplemente ejemplos de arquitectura vernácula o de estructuras agrícolas, sino más bien una arquitectura de coexistencia entre las aves, los seres humanos y la tierra. A partir de fuentes históricas y un análisis arquitectónico de las torres, sostiene que estas edificaciones no fueron construidas para la habitación humana, sino que funcionaban como dispositivos espaciales para concentrar la vida aviar, recolectar estiércol y transferirlo a los ciclos de fertilidad de la tierra. Vistas desde esta perspectiva, las torres de palomas formaban parte de la infraestructura espacial del paisaje agrario de la Isfahán safávida.