Abstract
En 1972, el pastor luterano Norberto Schwantes bautizó un proyecto de colonización en el noreste del Mato Grosso con el nombre de la canarana, una hierba de los humedales de las llanuras inundables del Amazonas que él mismo elogiaba como lo mejor de la flora amazónica. El asentamiento que surgió en el cerrado, donde esa hierba no puede arraigar, se convertiría más tarde en una frontera de la soja y la ganadería. Este artículo se pregunta qué significa dar el nombre de un ocupante no-humano a un asentamiento que no lo puede sustentar. A partir de la lectura de informes de inteligencia militar, registros de la colonización y la colección fotográfica municipal, y desde una perspectiva multiespecie, el artículo sostiene que la brecha entre diseñar para ocupantes no-humanos y diseñar con ellos constituye en Canarana un hecho arquitectónico.