Abstract
El hogar moderno está construido sobre una lógica espacial antibiótica que excluye a los cohabitantes más-que-humanos e invisibiliza el trabajo metabólico y de cuidados que lo sostiene. Siguiendo la leche a través del umbral de un hogar-almacén ( noikokyrió-pantopoleío) en la Tesalia griega, esta autoetnografía material introduce dos herramientas analíticas: el clúster y el umbral metabólico. Una partida fallida de yogur, recreada en una cocina contemporánea, revela que la vida microbiana es espacialmente dependiente, poniendo de manifiesto una lógica espacial relacional que la tipología no logra acoger. A partir de esto, emergen cuatro principios de diseño que proponen el hogar como una microinfraestructura probiótica de cuidados y al microbio como un co-ocupante que co-configura el espacio arquitectónico.