Abstract
Este artículo trata de cómo Jano ―Janus―, el viejo dios romano invade el campo intencional y produce en él dos caras. En la dimensión horizontal del campo intencional genera una cara cuántica y otra clásica; y una propia y otra impropia en la dimensión vertical. También se trae a colación cómo Einstein, que en la primera parte de su vida descubrió por doquier las dos caras, después se retractó de modo conservador.