Abstract
Este artículo analiza el papel de Panamá como nodo financiero adaptativo en un escenario internacional caracterizado por fragmentación financiera y desglobalización selectiva. El problema central radica en comprender cómo un centro financiero abierto, altamente vinculado a flujos transfronterizos, puede sostener su estabilidad y funcionalidad cuando los mercados globales se vuelven más segmentados y condicionados por factores geopolíticos. El estudio propone un enfoque de resiliencia financiera aplicado al caso panameño, integrando dimensiones institucionales, regulatorias, monetarias y de conectividad logística–financiera. Metodológicamente, se emplea un índice de resiliencia financiera adaptativa que permite evaluar la consistencia del sistema frente a perturbaciones externas y cambios estructurales del orden financiero internacional. Los resultados evidencian que la resiliencia panameña se sustenta en la capacidad de adaptación regulatoria, la alineación con estándares internacionales y la articulación entre finanzas, comercio y logística, lo que refuerza su rol como plataforma regional de intermediación. Se concluye que la sostenibilidad del modelo depende de fortalecer la gobernanza financiera, ampliar la diversificación funcional y consolidar mecanismos preventivos de gestión del riesgo sistémico.